ÉPALE CCS TUVO UNA CITA
03/11/13.- Pichones, pichones, pichones, somos todos unos pichones de sibarita. Es por eso que para esta ocasión queríamos probar algo diferente. Irnos al otro continente. No de viaje, solo de cocina. Y nos fuimos, nos fuimos a España, bueno en realidad nos fuimos a La Cita, ubicada en La Candelaria, en plena esquina de Alcabala.
Abierto desde hace 58 años, sigue siendo uno de los restaurantes más solicitados por los comensales en el centro de Caracas. Al entrar te sientes ya en la típica tasca española: una barra, mesas de madera, cuadros y vino por donde veas. Trabajan desde las 12 del mediodía hasta las 10 de la noche, en horario corrido.
Su carta es un abanico de opciones, desde platos fríos, como distintos tipos de ceviche y tortilla española, hasta pulpo a la gallega, parrilla de mariscos, asopado, salpicón y pastel de mero. Por otro lado están los platos más solicitados: calamares en su tinta, lechón, bacalao y, por supuesto, la paella española.
La Cita barata no es, hay que ir en grupo. Es por esto que la redacción de Épale CCS, o parte de ella, decidió almorzar en este lugar. Pedimos una paella para cinco para repartir entre siete (Mercedes, Carlos, Peluche, Edarlys, Gustavo, Ambrosio y yo). ¿El precio? Bs. 1.800 (para dos personas cuesta Bs. 850).
Lo primero que nos advirtieron fue que estaría lista en una hora. Mientras tanto, y tratando que la cuenta no subiera mucho, pedimos unas bebidas y con el pan nos entretuvimos. Una botella de vino cuesta desde Bs. 430 hasta Bs. 1.200. También tienen una oferta de whisky: el servicio cuesta Bs. 980.
Una hora exacta después de nuestro pedido, llegó la comida. Aderezan y nos van sirviendo uno a uno. Lastimosamente, dos de los siete comensales no reciben su respectivo langostino puesto que la paella es para cinco y, por razones de lógica culinaria, no son suficientes. No se escucha palabra alguna los primeros minutos. ¿Será el hambre o es que está buena? Solo queda decir que seis de nosotros repetimos el plato.
RECOMENDACIÓN
A los encargados del restaurante: el hecho de que sea un local exitoso no les da derecho a tratar mal a sus clientes (que siempre tienen la razón).
Si el vino que se pide se agotó, han de informárselo al comensal. No cambiar la orden y mucho menos molestarse cuando se les hace la advertencia. No están regalando nada, están ofreciendo un servicio.
POR KAY YAM HUNG
FOTOGRAFÍA AMBROSIO PLAZA
FOTOGRAFÍA AMBROSIO PLAZA

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