domingo, 8 de junio de 2014

“Hay toda una distorsión de la realidad venezolana

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> Según el investigador y periodista uruguayo Carlos Fazio, EEUU ha puesto en práctica una guerra de “espectro completo” para desestabilizar países donde los medios son el componente necesario para la fabricación de un discurso basado en categorías que responden a las grandes corporaciones
08/06/14.- Estado del siglo XXI ocurrió en Venezuela y fue fabricado desde una televisora. Así afirma sin cortapisas el investigador y periodista Carlos Fazio para demostrar sin lugar a dudas que la conjura está todos los días en cada hogar de la Patria donde hay un televisor, un periódico de la burguesía o una radio. Explica que los medios de comunicación forman parte de lo que llama “guerra de espectro completo” tan letal como la convencional.
“A comienzo del siglo XXI, EEUU, que ha entrado en una etapa de declive en la hegemonía capitalista mundial, está llevando a cabo una guerra de espectro completo. Una guerra donde lo militar se combina con lo cultural, lo económico y por supuesto lo mediático. Estamos en una nueva fase de la contra insurgencia que ya no solo combina el control de los soldados contra la población y la acción cívica, que era la vieja contrainsurgencia, ahora es componente de los elementos económicos para desestabilizar países, para sancionarlos, y a esto se suman los medios”.
Fazio, considerado uno de los analistas independientes  con mayor prestigio en asuntos políticos de América Latina, visitó Venezuela para participar en el foro Conjura Mediática contra Venezuela.
Durante esta actividad, el investigador compartió tribuna con destacados intelectuales de la talla de Rosa Miriam Elizalde, Cuba; Víctor Ríos, España; Carlos Aznarez, Argentina, y Maurice Lemoine, Francia.
El periodista e investigador uruguayo, residenciado en México, es docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y es autor del libro Terrorismo mediático en México.
El intelectual, dentro de una ajustada agenda, concedió una entrevista para Ciudad CCS, en el marco del foro celebrado entre el pasado 5 y 6 de junio en los espacios del Teatro Teresa Carreño.
—¿Cómo se reconfigura el panorama mediático a principios del siglo XXI?
Los medios tienen que ver con la reproducción de determinadas ideas, matrices de opinión hegemónicas que se utilizan contra gobiernos hostiles. En el caso de México o Colombia se utilizan para reforzar a los gobiernos impuestos por Estados Unidos. Pero en todos los casos, sea en Venezuela u otro país, el objetivo es el mismo:  EEUU viene por el territorio y los recursos geoestratégicos.  Para llevar a cabo esa guerra (EEUU) utiliza los medios y así fabricar enemigos para la construcción social del miedo. Como fue el caso de López Obrador en México, quien era un símil de Hugo Chávez, por sus ideas progresistas fue tildado como un populista radical. Es decir, utilizaron los mismos métodos que con Chávez.  Esto se da a su vez con procesos paralelos que tienen que ver con una reconcentración de los medios en pocas manos. En los 90, a la industria mediática llegaron nuevos propietarios muchas veces que no venían del campo del periodismo, sino de otras áreas. En el caso de México antes estaba la hegemonía de Televisa, ahora existen cinco o seis multimedias que combinan prensa escrita, radio y televisión. Ahí se da toda una homosintonización del mensaje: todos repiten lo mismo. Repiten las categorías que vienen de los grupos dominantes.
—¿A qué responde toda esta alambrada mediática?
—Responden al control monopólico privado. Es decir son grupos corporativos, grandes medios que a su vez están integrados, ya no por viejos periodistas que podían ser dueños de un periódico o una televisora, sino que ahora hay nuevos inversionistas, es decir ahora hay otro proceso, por  ejemplo, vuelvo al caso de Televisa, este medio antes se servía de los gobiernos del PRI (Partido Revolucionario Institucional), era un corporativo muy fuerte en los años 70 y 80. Pero, sin embargo, estaba subordinado al presidente de la República que bajo los gobiernos del PRI era el “todopoderoso”. Este proceso cambió a finales de los 90, donde en México se forma una plutocracia. Un grupo de megamillonarios de la revista Forbes que son los verdaderos amos de México, entonces el Presidente quedó reducido a un gerente de los intereses del gran capital. En Venezuela, se da un proceso distinto. Si bien hay un proceso similar donde los Cisneros y otros propietarios se vincularon a medios corporativos, al surgir la figura de Hugo Chávez la guerra mediática aparece justamente a través de esos medios corporativos para la desconfiguración de este personaje, inclusive antes de las elecciones presidenciales de 1998. Todavía no llegaba Chávez a Miraflores y ya había una campaña de satanización para alentar el odio en las capas medias y altas. Hasta el presente hay todo un continuo que tiene que ver con el manejo de los estereotipos en contra de lo popular, pero a su vez tratando de apropiarse de términos como sociedad civil, ciudadanía, democracia y los símbolos patrios.
—¿Hay una conjura mediática contra Venezuela?
—Claro, el primer golpe de Estado del siglo XXI fue contra Venezuela. Fue el primer golpe fabricado desde una televisora, pero construido desde antes a escala mediática construyendo la figura de “Hugo Chávez dictador”. Esto se prolonga hasta la actualidad cuando se combina lo mediático con el golpe suave, con categorías de la contrainsurgencia del mismo modelo que operó en Ucrania  y que se puso en práctica en Georgia en los años 2002, 2003 y 2004.
—¿Hay alguna evidencia de la conjura mediática contra Venezuela?  
—Sí, pongo el ejemplo de México donde los diarios El Universal, Milenio, Reforma y  Excelsior, manejan la misma información que es difundida a su vez por   Televisa, TV Azteca, Radio Fórmula. Todos estos medios privados cubren la información que llegan de las agencias internacionales o del grupo del Diario Las Américas que responde a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Esto quiere decir que manejan las categorías del imperio norteamericano que indican que acá (en Venezuela) hay un proceso autoritario, una dictadura. Hay toda una distorsión de la realidad venezolana, montada sobre matrices de opinión que llevan a desinformar a la población al margen de todos los criterios deontológicos del periodismo. Nosotros los periodistas tenemos ética, tenemos códigos. Tenemos que tratar de buscar la noticia objetiva con veracidad. Debemos cumplir determinadas normas de ética y moral. Estos grandes corporativos se saltan las reglas y no cumplen con los criterios de la Unesco de 1983 cuando se habla que el pueblo y la ciudadanía deben recibir la mejor información, plural, pero basada en determinados códigos de ética.
Lo que se ha venido dando a través del terrorismo mediático es una guerra desinformativa que intenta desestabilizar al país   (Venezuela), por la vía económica que busca un golpe de Estado.
—¿Cuál es la principal característica de esta guerra mediática contra Venezuela?
—Esta tiene que ver con lo que llamamos guerra de espectro completo de Estados Unidos, que combina diferentes frentes como lo dije antes, lo militar, lo económico y religioso. No olvidemos que las conferencias episcopales sirven de sostén de estos proyectos.
—¿Y por qué Estados Unidos la promueve en Venezuela?
—Porque Venezuela tiene petróleo. Ese el centro de la cuestión. Estos procesos de desestabilización son provocados por un trípode que gobierna EEUU conformado por la Casa Blanca, el Pentágono y el complejo militar-industrial. Este último son las grandes corporaciones de distintos rubros económicos que se valen del presidente de la República, el Congreso y el Pentágono para lograr colocar su producción en los mercados y extraer la materia prima de los países donde están estos recursos.
—¿Hay alguna evidencia de estas prácticas contra Venezuela?
—En el caso de Venezuela, los distintos grupos que conforman la oposición que adversó a Chávez y ahora a (Nicolás) Maduro, han sido financiados por Estados Unidos. Con recursos de la ciudadanía EEUU financia la subversión y la intervención en Venezuela, como antes en Nicaragua y Cuba.
—¿Cómo hacer para enfrentar y contrarrestar toda esta guerra?
—Como está haciendo Venezuela: construyendo Poder Popular. Aquí se construyó una democracia participativa que se logró mediante una nueva constitución, empoderar al pueblo pobre que salió a las calles y hoy está construyendo un nuevo proyecto nacional, un nuevo proyecto de país que responde a los intereses de las mayorías y no a los grupos oligárquicos.
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Ponencia
Carlos Fazio destacó el viernes la actuación del Gobierno Bolivariano para combatir la guerra mediática dirigida por el imperio norteamericano, a través de la respuesta directa y oportuna a los intereses del pueblo venezolano. “La conjura mediática solo se podrá derrotar a través de una política humanista que priorice al ser humano, a los venezolanos en este caso, y no al interés o al cálculo, como ha ocurrido con la construcción y profundización de este proceso Revolucionario de cambio radical, un gobierno que responde al interés de la mayoría ciudadana y a la valentía de un pueblo que ha dicho basta mientras construye su destino”, expresó durante el Foro Internacional Conjura Mundial de los Medios Contra Venezuela, que se realizó en el Teatro Teresa Carreño, en Caracas.
Fazio refirió que “Venezuela es víctima de una guerra no declarada donde el objetivo es derrocar al Gobierno legítimo vía una guerra civil que abra las puertas para una intervención”.
Indicó que la última escalada de esta guerra silenciosa “cobró alta visibilidad mediática en febrero cuando miembros de organizaciones como Voluntad Popular, Súmate y la Organización No Gubernamental (ONG) Humana y Libre, apoyados todos desde el exterior por Álvaro Uribe y sus paracos llamaron a salir a la calle sin retorno, dejando un saldo de 42 fallecidos”. Esta operación −recordó Fazio− “para manipular a sectores de la población con mensajes políticos y provocar acciones subversivas inscrita en los variables de la guerra cibernética fracasó”.
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Guerra mediática ancestral
En un artículo publicado en www.rebelion.org, Carlos Fazio describe como los ataques a Cuba desde 1960 por parte de la Casa Blanca, tienen muchas similitudes con los que sufren los procesos de cambio en Latinoamerica hoy en día. A continuación extractos de dicho trabajo: “La dictadura de Fulgencio Batista había quedado atrás y se vivía una gran efervescencia en la isla. Para los barbudos de la Sierra Maestra vendrían nuevas batallas.
El líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, y sus compañeros lo sabían. Por eso se prepararon con absoluta sangre fría para enfrentar los nuevos desafíos. No era solo la amenaza militar del imperialismo yanqui. Por esos días, las agencias de noticias estadounidenses Associated Press (AP) y United Press International (UPI) encabezaban la campaña de desinformación y manipulación contra la isla. Las nuevas batallas se librarían también en el campo de la propaganda.
Antes de que la Revolución proclamase el socialismo, y de que promulgase incluso la reforma agraria y nacionalizara las minas y las empresas, alentada por EEUU, la prensa burguesa y derechista del hemisferio y del mundo, lanzó un diluvio de calumnias y distorsiones contra ella.
Las líneas anteriores forman parte de una historia que se repite en Latinoamérica.  Cambiando los personajes, la misma puede servir de referencia para contar lo que sucede en la región día tras día bajo el asedio de la guerra propagandística del imperio norteamericano para desestabilizar a los gobiernos progresistas de América Latina. Estoy casi seguro que quien leyera los primeros párrafos sobre estas líneas compararía el flagelo que sufrieron el comandante Fidel y el Comandante Hugo Chávez y padecen ahora Rafael Correa, Daniel Ortega, Evo Morales, Cristina Fernández por parte de la guerra mediática que desarrolla el Departamento de Estado.
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Chávez, su legado y la guerra de símbolos
Uno de los análisis de Fazio hacia a el Comandante Hugo Chávez, explica cómo el Líder venezolano fue distorsionado por la industria mediática. En sus líneas se puede leer: (Chávez)“Fue un subversivo en palacio. Un pacifista subversivo. Un militar patriota con gran coherencia entre el decir y el hacer. Como se opuso a reproducir la voz del amo imperial, la élite racista venezolana lo demonizó y estigmatizó: lo llamó loco, negro, zambo, gorila, ordinario, incivilizado. Vía el terrorismo mediático, la plutocracia subordinada y apátrida envenenó a la sociedad con su odio de clase y la polarizó. Hombre radical, de pensamiento crítico y audaz acción política, Hugo Chávez siempre dio la cara y se hizo responsable de sus actos.
Como no tuvo precio, no lo pudieron comprar. Adversario del consenso de Washington y el pensamiento único neoliberal, rompió paradigmas. Al asesinato moral de Chávez (vía CNN, Globovisión, El País, Televisa, et al.) y la reducción de Maduro a “un sacerdote más del culto chavista” (Krauze), la reacción suma elementos como “reconciliación” y “diálogo”, atribuyendo al “otro” el odio entre las familias y la catástrofe económica. Acusado de dictador por sus detractores, durante sus gobiernos hubo “exceso de democracia” (Lula dixit). En menos de tres lustros ganó 14 elecciones de 15. Además, se jugó el pellejo por los más humildes”.
LEONARDO CANTILLO/CIUDAD CCS
FOTO YESSIREÉ BLANCO

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